Hay momentos en los que no sientes dolor, aunque sabes que deberías sentirlo ahí dentro. Y en ese momento te asustas, temiendo lo peor, temiendo que algo hermoso en tu interior se haya roto por siempre.
Pero al final el dolor acaba volviendo tarde o temprano, e irónicamente desaparece el miedo. Y suspiras aliviado por volver a sufrir.
Mil mundos, un cielo.
Reflexiones, emociones, pensamientos, sentimientos, suspiros, escalofríos...
sábado, 7 de diciembre de 2013
martes, 3 de diciembre de 2013
Encuentro nocturno.
Te miro, y veo en tus ojos cautelosos los míos reflejados. Noto como te estremeces levemente ante el contacto, pero resistes el embate sin desvanecerte en la espesura.
Me analizas con un rastro de miedo e intentas descubrir como funciono, cual será lo próximo que haga. Mas mi postura es hierática y mi respiración tranquila.
Cambias de táctica, intentas descubrir que reflejan mis ojos, que secretos guarda mi mirada.
"¡Oh! ingenua criatura, mis ojos hace mucho que dejaron de reflejar la verdad. Mientras que mis secretos están a buen recaudo, enraizados en mi alma."
Su inocencia me recuerda a mi pasado. A los días tranquilos en los que no había luchas ni problemas. A los días en los que mis ojos aún brillaban y me comportaba de forma natural con lo que me rodeaba. A los días en los que no necesitaba ser un arma.
Siento un leve peso dentro y me asaltan algunos recuerdos esta vez de carácter doloroso, seguidos de emociones encontradas que desean reflejarse fuera, buscar consuelo en la noche que las rodea.
Rápidamente cierro el grifo del que surgen con diestra experiencia y ni una gota salpica la quietud de mi mirada.
Sonrío levemente, con ligeros trazos de melancolía.
Sólo eso es necesario para que se rompa el hechizo y esta vez si, desaparezca de mi vista.
Contemplo en silencio el lugar en el que antes estabas.
"Esta vez has sido sabia. Disfruta del bosque, de la tranquilidad de tu existencia."
Pero en el fondo se que volverás, volverás como ya lo he visto muchas otras veces en el pasado. La curiosidad te vencerá y volverás a intentar sondear lo que se refugia tras mi alma.
Suspiro levemente apenado.
"La curiosidad mató al gato"
sábado, 3 de noviembre de 2012
Siempre hay un camino...
En la soledad de mis pensamientos contemplaba el mar, desde el acantilado observaba con temor la belleza y el poder que transmitía; y mientras lo veía me sentía pequeño, débil comparado con la fuerza de sus olas.
Me giré y contemplé la tierra. Ante mi se alzaba aquel mundo decadente y oscuro en el que la esperanza ya no habitaba y la agonía de mis hermanos era el pan de cada día. Sentía pena por ellos, se habían vuelto esclavos de sus pasiones e ignorantes de su existencia y no veían en el pozo de podredumbre en el que poco a poco estaban cayendo.
Unos pocos intentaban huir de aquel caos y buscar su camino.
Yo también era como esos pocos y buscaba un lugar nuevo, diferente a aquel sitio en el que había nacido. Pero el camino me había abandonado en aquel solitario acantilado alejado de todo, dejándome solo ante el mar, mi nuevo camino.
Me sentía entumecido y confuso, había empleado cada aliento en ese camino y estaba cansado, mi sangre se había derramado en él mas de una vez y me sentía débil. No sabia si podría aguantar mucho mas, pues caminar se antojaba cada vez mas difícil.
En aquel acantilado perdido de la mano de dios pasé horas pensando que hacer, me había subido a un pequeño faro abandonado y desde allí contemplé el camino que había recorrido. Detrás podía sentir el rugido del mar embravecido que impactaba furiosamente contra la desgastada roca, como si con cada ola quisiera llegar hasta mi y devorarme.
"¿es ese mi nuevo camino?" me pregunté desazonado.
Las dudas me asaltaban, y por un momento pensé en retroceder, ser uno mas junto a mis hermanos ciegos, al fin y al cabo no seria tan difícil como continuar. También pensaba si merecería la pena lo que me aguardaba mas adelante.
Pensé en todos aquellos que se habían burlado de mi a lo largo de ese camino, de los que me habían tachado de soñador y de iluso.
En ese momento sentí un sabor salado en mis labios, no supe si fué obra del mar o fueron mis lagrimas, pero no me atreví a comprobarlo, ...Odiaba tanto sentirme así de débil y vulnerable...
Hacia un viento frío y llovía, mas mi cuerpo no sentía aquel frío al igual que tampoco sentía que estaba empapado de los pies a la cabeza, aquello carecía de importancia comparado con el dolor que me producía esa situación y por lo tanto mi mente lo ignoraba.
No se si fue imaginación mía, pero me pareció que el viento traía las risas y las mofas fruto de la crueldad de aquel mundo.
La ira prendió mi interior, como un rayo que impactara sobre un establo lleno de paja y grité. Grité todo lo que pude para acallar aquel tormento, grité para expulsar las mareas de rabia y frustración que desgarraban mi interior, grité hasta que mi voz quebró.
Por suerte cuando volví a escuchar el viento era solo eso, viento.
Me encontré sentado en la punta del acantilado, no recordaba como había llegado hasta allí y la verdad es que no me importaba, las heridas de mi interior sangraban tanto que ya no me importaba si una ola me hubiera arrastrado con ella al fondo del océano. Al menos así conocería la paz.
Y así permanecí por un tiempo, derrotado en el filo del abismo, contemplando el mar.
Estando así me acorde de cuando era un niño y solía imaginar que habría al otro lado del mar; siempre eran cosas extrañas a la par que maravillosas. También recordé aquel juramento que pronuncié entonces, de que cuando fuera mayor lo atravesaría y viviría mil y una aventuras en aquel mundo desconocido que soñaba al otro lado.
Aquella promesa había perdido fuerza con el tiempo, apagándose como la llama de una vela en un pozo de cera.
En ese momento al mar no era como el que conocí antaño, este me aterraba, sus olas estaban cargadas con promesas de muerte.
Me reí tristemente de la situación, mi voz sonó áspera y rota, rota como la fe en mi mismo.
Fue entonces cuando sentí una mano cálida que se posó en mi hombro y lo apretó para reconfortarme. me recordó de alguna forma a mi infancia y a la caricia de un padre.
Fué entonces cuando comencé a llorar, al principio las lágrimas caían de poco en poco, tímidas, pues hacía mucho tiempo que me había prohibido a mi mismo llorar. Pero al poco rompí a llorar con fuerza y amargura. Lloré y no recuerdo cuanto tiempo pasé llorando, vomitando toda la amargura y el dolor que sentía dentro; que era mucho, pues no hay cosa que duela mas que caer con tus sueños hechos añicos.
La mano invisible siguió ahí dándome fuerza y consuelo todo ese rato.
Extenuado, al final dejé de llorar, descubrí que ahora había menos peso en mi interior.
De repente sentí una voz que hablaba a los cristales rotos de mi corazón, sonaba como la de una madre cuando ayuda a su hijo a ponerse en pie, me dijo:
"es de humanos caerse y errar, pero es de héroes levantarse y seguir adelante"
"yo no soy un héroe, no hago grandes hazañas, tan solo camino a duras penas el camino de mis sueños" respondí
"un héroe no es mas que una persona lo suficientemente fuerte como para vencer sus temores y seguir adelante en pos de sus sueños pase lo que pase, siguiendo los dictados de su corazón"
"no se si soy lo suficientemente fuerte como para seguir"
"lo eres, todas las personas tienen en su interior la fuerza necesaria para realizar sus sueños, todo es cuestión de aceptar el dolor y buscar mejorar día a día, mira en tu interior, ¿que ves?"
Miré en mi interior y vi algo bello, vi mis sueños como si fueran gotas de rocío que resplandecían, eran tan bellas...
En ese momento supe que la mano y la voz se habían ido, pero en mi interior había descubierto un tesoro que tiempo atrás había perdido por culpa del dolor y con él la fuerza para seguir adelante.
"No merece la pena tener miedo, será lo que tenga que ser y si mi destino es caer luchando por mis anhelos, caeré con una sonrisa en la boca"
En ese momento me acorde de que ese era el secreto para poder volar.
Cerré los ojos y me lancé al mar, esta vez volví a sentir agua salada en mi boca, pero en esta ocasión sabia que era por las lágrimas, lágrimas de felicidad.
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